PRÓLOGO

Después de muchos años recorriendo el Sistema Central y habiendo escuchado tantas maravillas de los Picos de Europa, decidimos, a principios del año 1.983, que ya era hora de ir a comprobar lo que nos contaban los compañeros y amigos. Es verdad que las comunicaciones habían mejorado y ya era posible ir en coche desde Salamanca hasta los puntos de inicio de las excursiones, en cuestión de 4/5 horas, también que los fines de semana y por motivos laborales, comenzaban a ser de dos días y si a ello le añadíamos alguna fiesta cercana, pues con tres días podríamos organizar interesantes excursiones.

Panorámica hacia Riaño


De esta primera toma de contacto, en Mayo de 1.983, surgirían a continuación y en años siguientes, siempre por las mismas fechas, el puente del 1º de Mayo, la costumbre de ir a Picos, al menos una vez al año.
Durante 9 años fuimos a Picos, en lo que constituyó una extraordinaria experiencia, pues hay enormes diferencias entre Gredos y Picos. Hubo años en que el tiempo estuvo de nuestra parte, espléndidos días soleados y hasta calurosos, pero otros fue un verdadero tormento, lluvia, nieve, mal tiempo, ventisca, etc. Etc. Esos tenebrosos días decidíamos bajar hacia el sur y realizar algún trayecto por el norte de Palencia o León, con clima algo más benigno y así no realizar el largo desplazamiento en balde.

Panorámica hacia Asturias


Aún así cuando recordamos nuestras aventuras por Picos, sentimos algo especial, el contraste entre las sobrecogedoras moles calcáreas y los hermosos bosques de hayas, lo peligrosos cambios atmosféricos y los apacibles y verdes valles.
En alguna ocasión nos acompañaron nuestros amigos de Salamanca, Angel Gil y José Luis Rodriguez, pero el resto fuimos Celestino y yo los que abordamos la mayoría de las veces las excursiones, estas muy bien programadas con antelación, para que nada quedara a la aventura, luego el clima se encargaría de cambiar nuestros planes.

Mirador de Piedrashitas


Picos de Europa está dividido en tres macizos, el Oriental o de Ándara, el Central y el Occidental o de Cornión. Por tanto el acceso, para nosotros, al Occidental era el más lejano y complicado, pues teníamos que desplazarnos hasta Covadonga y los Lagos, una distancia considerable, pues habríamos de cruzar el Desfiladero de los Beyos por una carretera estrecha y con muchas curvas, de tal forma que eran muchas horas de viaje. Por esta razón frecuentamos mucho más el Central y el de Ándara.
Se trata, ahora, de plasmar todas esas experiencias para que el recuerdo y las emociones no queden solamente para nosotros, si no compartirlas con quienes las lean y puedan disfrutar tanto o más que lo hicimos nosotros.

Los Pambuches