AMIEVA – LOS BEYOS – SAN JUAN DE BELEÑO
(PONGA) Kmts. 20
Día 23-6-02 (2ª Parte). Inicio el descenso por la carretera, muy estrecha, a través de un profundo estrechamiento entre escarpadas montañas, me lo voy tomando con mucha tranquilidad y relajación, hago un par de cortes a las curvas de la pista, ganándole seguramente un kilómetro, para llegar a la carretera general siendo las 2,30, con 20 grados de temperatura, no me extraña, estoy a 250 mts. sobre el nivel del mar y en un imponente estrechamiento del Río Sella.
Voy ascendiendo por el Desfiladero de los Beyos al lado del caudaloso río con muy poco tráfico por la carretera, así que voy muy tranquilo al lado de los imponentes paredones, en algún caso hasta debajo de ellos, he comenzado el ascenso en el P.K. 137 y las nieblas persisten en las alturas. Tomo a la derecha una pista que asciende a la aldea de San Ignacio en lo alto de la montaña y a la entrada, en la primera casa que encuentro, una señora da de comer a un niño en el jardín, a la sombra de un árbol, le pregunto si voy bien para tomar el camino hacia Ponga, como no hay muchas novedades por estas remotas aldeas, hablamos largo y tendido durante al menos 15 minutos, así aprovecho para un pequeño descanso después de la inclinada subida.
Cruzo la aldea hacia la parte alta, hasta el cementerio y tomo un bonito camino a la izquierda, este se dirige hacia el fondo del valle, voy viendo, abajo, del otro lado, la pista que parte de la carretera en Vidosa y se dirige a Viego y Beleño, mis destinos de la tarde, con esta pista tengo que enlazar algo más adelante. La senda que sigo es muy estrecha pero se aprecia que antiguamente debió ser muy utilizada, hay una bonita fuente a la derecha y en algunos puntos está perfectamente trazada sobre las inclinadas rocas con sujeciones de piedra y buen firme de cantos.
Cruzo el Río Santagustia, que seguiré hasta su nacimiento a partir de la toma de contacto con la pista. Comienza a caer una ligera llovizna, según asciendo por la estrecha pista, casi no tiene tráfico, muy de cuando en cuando baja algún coche, ahora penetra en un corto túnel para salvar una escarpada pared y a continuación se va estrechando cada vez más, hasta un angosto desfiladero, aquí el río conforma varias cascadas y baja entre un tupido bosque de hayas y avellanos, tengo que acercarme y retirar las ramas para ver el cauce de abundante y arrolladora agua. Se me va haciendo algo pesada la subida, pero cuando despejan las nieblas y puedo ver las escarpadas montañas y los apacibles y verdes valles de los laterales, el cansancio me desaparece. A las 4,30 entro en la aldea de Viego, al pasar por la fuente, al lado de la vieja iglesia, hago una parada, un pequeño descanso que bien me viene, un paisano se para y con ganas de enrolle, nos tiramos un buen rato de relajada charla en medio de la pista.
Sigo subiendo por la pista para llegar al Collado Llomena a unos 1.000 mts. de altura, he ascendido, por tanto, 750 mts., no me extraña que se me haya hecho algo pesado. Arrecia la lluvia que humedece todos los árboles y también la pista, ahora todo es bajar a través del bonito y abigarrado bosque hasta llegar a un desvío a la izquierda, “Les Bedules” Bosque de Peloño, con aparente interés por sus grandes y centenarios ejemplares de haya y roble, según me dicen en San Juan cuando pregunto por tal paraje. Empapado y con algo de frío, voy apretando el paso, pues intuyo la cercanía de San Juan y tengo muchas ganas de llegar. Cuando doy vista al pueblo desde un bonito mirador en un precioso y recóndito valle, son las 6,30, tomo habitación en la Fonda Ponga, sigue lloviznando sin cesar, lo hará toda la noche y por supuesto, mañana también.
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