RUTA DA SEIMEIRA - STA. EULALIA DE OSCOS Kmts. 9
Día 5-8-02. Me levanto bien temprano pues quiero aprovechar la jornada, así que a las 8 estoy en la calle dispuesto a vivir otro emocionante día y conocer una parte de la bonita Comarca de los Oscos. Hay nieblas altas y la temperatura es excelente para caminar, aunque a media tarde hará algo de calor, pero no sofocante.
Aparecen las derruidas casas de la aldea de Ancadeira, que permiten imaginar la tenebrosa y humilde vida de sus habitantes en tiempos pasados, duros trabajos en zonas de muy difícil acceso, se ven las labores realizadas con lajas de pizarra para contener las aguas del río y las fértiles y poco abundantes tierras de sus riberas, pequeños trozos, pues el resto son paredes rocosas donde nada se podría cultivar.
Después de disfrutar de la soledad del hermoso bosque, llego a la cascada con gran ruido, el agua se desprende desde 20/30 metros de altura en un bonito salto que contemplo a placer, el agua se rompe en fina lluvia para caer sobre las rocas hasta llegar a una balsa transparente, especie de cuenco donde el agua se remansa. Este espectáculo lo disfruto sin ningún ruido ni nadie que interrumpa la quietud y placidez del lugar, subo y bajo a diferentes puntos para tener una panorámica desde distintos ángulos e inicio el regreso por el mismo camino.
Desde el comienzo de la senda solamente me he cruzado, ya al regreso y poco antes de llegar al inicio, con un matrimonio y sus hijas, estas son las ventajas que tiene el madrugar, aparte del máximo aprovechamiento del tiempo, las tempranas horas son, a mi entender, los mejores momentos para disfrutar de la naturaleza. Son ahora, cuando estoy en Pumares, poco más de las 10, he caminado 9 kilómetros en total, tomo una pista para dirigirme a Santa Eulalia de Oscos (Santalla como dicen los paisanos), que está a escaso kilómetro de distancia. Es un bonito pueblo en la ladera del monte, con vistas al Río Agüeira y rodeada de inclinados y verdes prados, muy restauradas sus casas y con bonitas instalaciones hoteleras, pequeños hostales y casas rurales, muy acogedoras y cordialmente atendidas. Me tomo un gran café con leche y doy comienzo a la segunda parte de la jornada.
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