INTEGRAL
PUERTO DE PAJARES – PEÑA UBIÑA
Día 2-09-01. A esta excursión, que hace tiempo tenía programada por la Cordillera Cantábrica, me ha querido acompañar mi amigo Celestino, por un lado para recordar viejos tiempos y por volver a vivir las intensas emociones que la práctica del montañismo le ha regalado en los últimos 30 años.
A
pesar de la falta de ejercicio intenso en los últimos cinco años, algunos
kilos de más y los bien llevados 78 años, estuvo a la altura
de las circunstancias completando todo el recorrido con la única
excepción del ascenso a Peña Ubiña que
ya era demasiado pedir.
En la parte más alta, a 1.460 mts. y siendo las 9 de la mañana dejamos el coche y comenzamos nuestra aventura. En el cruce de la estación solo encontramos a un paisano que junto a dos perros sube hacia la cumbre del Cueto Negro, nuestro camino también, a muy buena marcha, nosotros con mucha más calma y disfrutando del hermoso panorama que se va descubriendo según ascendemos. Los 400 mts. de desnivel nos hacen sudar la camiseta pero rápidamente nos olvidamos del esfuerzo al contemplar el soberbio espectáculo que tenemos a la vista. Hacia el norte Asturias con sus profundos valles y verdes lomas, al oeste, la dirección que tomaremos a continuación, el Macizo de Peña Ubiña y todo el Cordal Cantábrico que se pierde de vista hasta el Puerto de Leitariegos, las Omañas y la Babia. Hacia el este la continuación también del cordal principal destacando el Macizo de Brañacaballo con su máxima cima a 2.181 mts. redondeada y fácil de ascender.
Como la cuenca del Río Torío está cubierta en su parte baja por las intensas nieblas, las cumbres y picos sobresalen resplandecientes por el intenso sol de la mañana. Es todo un espectáculo a muchos kilómetros a la redonda que disfrutamos intensamente, pero no podemos permitirnos el lujo de entretenernos demasiado, podemos ver nuestro itinerario y lo que nos queda por delante, así que comenzamos el sube y baja.
Dejamos a nuestra espalda las instalaciones y comenzamos a crestear al lado de la cerca de alambre que marca la separación de los términos y que tiene por objeto que el ganado no cruce de un lado a otro, esta cerca nos servirá de referencia durante una parte del recorrido. Comenzamos a ver señales blancas y amarillas de P.R. que también nos orientarán largo trecho aunque no sepamos de donde proceden ni a donde se dirigen. Como el día está despejado no tenemos ningún problema con el itinerario, así que la senda discurre por lomas donde el ganado pasta plácidamente, solo dos o tres inclinadas bajadas y sus correspondientes subidas nos obligarán a realizar algún esfuerzo. Vamos por la Sierra del Cueto Negro con cimas de algo más de 1.800 mts. y collados de poco más de 1.600, por tanto los desniveles son entre 200/300 mts.
En el Collado Valdeovejas nos encontramos con dos cazadores tomando el bocadillo al templado sol de la mañana y algo más adelante, en la zona llamada Las Rubias, un camino que desciende hacia unas lagunas secas nos hace equivocarnos al seguirlo. Terminamos en una gran pedrera y a continuación unas grandes paredes por donde no se puede pasar, así que a tomar altura a través de una inclinadísima pradera donde sudamos tinta en su ascenso, Celestino aprovecha los descansos para comer arándanos de las pequeñas matas. Algo cansados llegamos al Alto del Barradal, también llamado Negrón, a 1.904 mts. con varias trincheras y búnkeres en su cima, suponemos que fueron puestos defensivos durante la Guerra Civil. Abajo, a bastante desnivel, la autopista a Campomanes y el sonido de los camiones en las inclinadas cuestas. Son las 11,30 así que hacemos una breve parada para almorzar y tomarnos un respiro, pues a continuación nos tocará un fuerte descenso hacia el Valle del Cubil que cierra un impresionante cordal con fuertes paredones de más de 2.000 mts. de altura y muy escarpados.
En la explanada del valle hay un gran rebaño de ovejas al lado de una cabaña y dos pastores que nos saludan desde lejos. El ascenso al collado nuevamente merma nuestras fuerzas, también el sol calienta fuerte aquí en la hondonada, pero a partir de aquí la senda comienza a cruzar la zona llamada Los Puertos ya sin grandes desniveles. Bordeamos Las Conforgadas que son unas lomas suaves y llegamos al Prado Cligón, delante caminan cuatro cazadores que se dirigen a dos coches que divisamos a lo lejos en las praderas.
Saciamos nuestra sed en una fuente con buen chorro y continuamos hacia el Puerto de la Cubilla viendo del otro lado del valle la pista por donde circulan algunos coches que suben desde Tuiza en Asturias, también algunos caminantes. Nosotros continuamos sin perder altura hasta la vertiente hidrográfica, a la derecha el Río Huerna, afluente del Nalón vierte al Cantábrico y por la izquierda hacia el Río Luna, luego al Duero y finalmente al Atlántico. El calor es más intenso ahora al mediodía así que como estamos a tiro de piedra de Casa Mieres, decidimos acercarnos allí para comer en mesa y mantel. A las 2 en punto entramos en Casa Mieres, como es domingo hay varios comensales, domingueros pues los ganaderos se han ido casi todos con sus vacas, los prados no tienen ya casi pastos. Después de una buena sidra y comida caliente, queso de Cabrales y el cafelito de rigor, estamos en condiciones de caminar lo que haga falta. En principio Celestino podría haber tomado una pista que desciende al pueblo de Pinos y finalmente a San Emiliano, donde hemos reservado habitaciones para dormir, este trayecto lo habría hecho en menos de dos horas, pero con el descanso de las dos horas de relajada comida, ha recuperado más fuerzas de las que ha perdido y se siente con ánimo para acompañarme hasta la base de Peña Ubiña, así que a las 4 tomamos de nuevo las mochilas y comenzamos el ascenso a través de la Vega de Riotuerto con muchos sumideros por donde se filtra el agua a través de rocas calcáreas, nos vamos encontrando a algunos excursionistas que han dejado los coches en la puerta de Casa Mieres y ahora descienden de Peña Ubiña.
Hacia
las 5 Celestino se queda a la sombra
de una gran roca en el Collado y yo inicio el duro ascenso
de casi
500 mts.
en vertical hasta la cumbre de Peña Ubiña a
2.417 mts. que culmino en unos 40 minutos. Desde la cumbre
el panorama es inmenso, disfruto durante un buen rato
del espectáculo en solitario
pues no hay nadie en las cumbres, parece que soy un pájaro pues
a mis pies hay unos imponentes cortados y me da la impresión de
estar en el aire. Como no quiero hacer esperar mucho a Celestino y
además
aún nos queda una buena tirada para llegar a San Emiliano, inicio
el descenso que realizo en unos 20 minutos, ahora tomamos
dirección
a Pinos de forma directa a través de inclinados prados y Celestino comienza
a notar en sus rodillas el esfuerzo, así que moderamos
la marcha para llegar a San Emiliano hacia
las 8 de la tarde, nos tomamos una fría cerveza sentados en la agradable terraza, después
ducha y aseo, cena a las 9,30 y a las 11 durmiendo como angelitos con
una deliciosa temperatura, además de una tranquilidad y placidez
que no se tiene en la ciudad. |