VILLABANDÍN - LOS BAYOS - PTO. DE LA MADALENA - MURIAS DE PAREDES – SENRA – VILLABANDÍN
Kmts. 25
Día 23-7-02. Con el fin de ahondar en el conocimiento de las diferentes comarcas que componen el tan extendido y diverso territorio de la Provincia de León, me he desplazado a Las Omañas para hacer un recorrido circular por la parte más alta. La zona la componen una serie de valles afluentes del principal, por donde discurre el Río Omaña, éste tiene su nacimiento en un circo de montañas por encima de los 2.000 mts. de altura, algo más arriba de Murias de Paredes y la aldea de Montrondo, algunas de ellas de nombre Peña de la Portilla, Tambarón, El Molar y Peña Negra, que a su vez sirven de separación de cuencas, los arroyos que vierten hacia el oeste, lo hacen al Sil y por tanto al Miño, los de la vertiente este dirigen su cauce al Esla y luego al Duero. El Río Omaña va recibiendo las aportaciones de todos los arroyos de ambas márgenes hasta desembocar en el Luna, a partir de aquí conforman el Río Órbigo. Las pequeñas aldeas se ubican, unas en el valle principal y otras en los estrechos valles laterales, todas ellas con una estructura arquitectónica muy parecida al resto de las comarcas colindantes, sea la Babia, Laciana o El Bierzo, es decir con tejados de pizarra negra, paredes de piedra y ventanales de madera. Las zonas bajas del valle principal aún conservan hermosos bosques de roble, pero en las altas, ha desaparecido la mayor parte como consecuencia de recientes incendios forestales, en algunos sitios donde hay humedad abundante se aprecian los retoños de dichos robles en un intento de repoblamiento natural, pero en la mayoría de los casos la maleza, brezo, piornos, retamas, etc. son los dueños del terreno. Los recónditos valles atesoran los prados donde el ganado pasa el verano aprovechando la humedad y la verde hierba, además de las benignas temperaturas del estío.
La
carretera que une la población
de La Magdalena con Villablino a
través del Puerto
de la Magdalena y que comunica también todas las aldeas de Las
Omañas,
está siendo, por fin, dicen los paisanos, acondicionada con buen
firme y eliminándose las peligrosas curvas, por tanto están
siendo recibidas dichas obras con la correspondiente alegría de
los habitantes.
No puedo ver con nitidez el otro valle, aunque a veces el aire despeja las nieblas, estas vuelven otra vez con intensidad, pero el valle es muy similar al que he subido, aunque algo más grande y largo. De haber estado clara la mañana y sin nieblas, probablemente hubiera ascendido a La Cañada, pues desde aquí desde el Collado, es bastante fácil el seguir el cordal por su cresta y en menos de una hora llegar a su cima. La temperatura, aquí en el collado, no creo sea superior a los 8 grados, así que rápidamente inicio el descenso hacia el valle contrario, el camino desaparece entre enormes ejemplares de retamas, estas algo húmedas y me van poniendo perdido de agua por tanto intento cambiar el rumbo y desviarme para evitarlas. Voy bordeando por mi derecha una montaña llamada El Cueto e intentando descender hacia el valle pues hay praderas y supongo el camino será más fácil, pero también resulta algo complicado el bajar a derecho, hay mucho matorral y trato de buscar alguna vereda, pues como digo el camino ha desaparecido, luego vería, desde abajo, que algo más alto circula una especie de pista recién hecha, pues algunas máquinas han estado arrasando las gigantescas retamas para convertir la zona en praderíos. Cuando he descendido bastante y me encuentro a 1.400 mts. de altura, en zonas más planas, veo a la derecha una montaña caliza muy solitaria y en su cima una antena, se trata de El Pando, un monte solitario a más de 1.600 mts. y que separa Quintanilla de Babia de Peñalba de los Cilleros. Termino en una pista asfaltada que según el mapa une las dos poblaciones anteriores con Los Bayos en la carretera principal, por tanto la tomo hacia mi izquierda y por ella sigo en continuo ascenso. Dejo a la derecha, a unos 100 mts. una mina en explotación y sigo mi camino para dar vista a la aldea de Los Bayos asentada en el verde valle. Desciendo a Los Bayos, aldea bastante deshabitada y algunas de sus casas derrumbadas, la cruzo sin ver a nadie y termino en la carretera principal que al estar en obras, el tráfico de vehículos se ve reducido a la mínima expresión, mejor así iré más tranquilo. Antes de llegar al pueblo he pasado al lado de un cerezo con unos frutos maduros pero muy pequeños, aún así me he parado a comprobar su dulzura y sabor. Voy ahora al lado del Río Oscuro que vierte sus aguas, ahora algo turbias por las obras de la carretera, hacia el Sil, conformando algunas cascadas y con mucha vegetación en sus laterales. Un par de kilómetros arriba hay una desviación a la derecha que llega hasta la aldea de Vivero, puedo ver las casas en la ribera del arroyo. Al llegar al Puerto de la Magdalena hay una gran explanada con praderas y algún bosquete de robles en las laderas de umbría, tres gigantescos hitos, de unos tres metros de altura al lado de la carretera, supongo que en tiempos las nevadas ocultarían por completo la carretera y los hitos permitirían su seguimiento.
Este
puerto es la entrada natural, por este otro lado, a la Comarca de las Omañas,
por tanto vuelvo a penetrar en ellas por el lado contrario, ahora por
la parte más alta, dando vista
al inicio del valle que irá descendiendo en profundidad hasta
llegar al Río Luna, a muchos kilómetros de distancia. El
primer pueblo al que llego es Murias de Paredes,
lo empiezo a ver por su parte alta, sus oscuros tejados y las construcciones
de piedra, es
una bonita imagen según me voy acercando, tiene grandes casonas
y al ser centro comarcal, todos los servicios, hostales, bares, etc.
etc. Lo dejo a mi derecha y continúo el descenso hasta un prado,
son ahora las 2,30 y es la hora de reponer fuerzas, en la verde hierba
y al lado de una pared de piedra me aposento, unas veces a la sombra
y otras al sol, se nubla de forma constante, de tal forma que a ratos
tengo calor y otras algo de fresco. Después del relajado almuerzo
continúo para llegar a Senra, pueblo de
la misma factura de los anteriores, tomo una pista en ascenso,
que me
lleva hasta la aldea de Lázado ahora bajo
un intenso calor. Al cabo de otros dos kilómetros
me encuentro de nuevo, siendo las 4 de la tarde en Villabandín,
donde dejé el coche. He recorrido, por tanto, unos 25 kmts. en
unas 7 horas de relajada caminata con varias paradas a contemplar los
pueblos, aldeas, panoramas y todo lo que me rodeaba. |