PEÑA TREVINCA Y CAÑÓN DEL TERA

Día 15-5-02. Una vez abandonado Puebla de Sanabria, a través de la carretera que sube al Lago y ahora que son las 8 de la mañana, sin tráfico ni preocupaciones, puedo observar, extasiado, el bonito bosque de quejigos en su esplendor primaveral con sus recién brotadas hojas, las verdes y húmedas praderas alrededor del Río Tera, todo un relajante espectáculo. A medida que tomo altura, hacia San Martín de Castañeda, voy teniendo una perspectiva completa del Lago de Sanabria y los montes que lo rodean aún en la penumbra de la mañana.

San Martín de Castañeda y Lago de Sanabria

Cada poco rato me paro a contemplar las vistas de los alrededores y para tomar alguna foto, lo mismo cuando voy llegando a San Martín, desde un giro de la carretera tengo a la vista el pueblo y su bien conservado Monasterio cisterciense de San Martín. Las casas con ese estilo tan peculiar, tejados de pizarra negra y de paredes de granito, un bonito conjunto especialmente llamativo visto desde arriba y con el gran lago de fondo. Dejo el pueblo y continúo por una carretera, con el pavimento en muy buen estado, que me va subiendo en vueltas y más vueltas, hasta los 1.732 mts. de altura, donde termina al lado de la Laguna de los Peces. Aún me pararé varias veces a contemplar el panorama una vez el sol comienza a iluminar los alrededores, especialmente el pueblo de Ribadelago, al lado del lago y cauce del Río Tera y cuya tragedia recordaré a lo largo del día. Hace una mañana algo fría y una especie de bruma no permite que el sol caliente el ambiente, por tanto tendré que ir algo abrigado, luego será otra cosa.

Río Tera y Peña Trevinca

Otro coche de Madrid, que no hace mucho abandonó su dueño, el capó del motor aún esta caliente, es la única señal de visitantes excepto varios caballos y vacas que pastan en las praderas, eso sí se nota que el lugar es frecuentado, hay contenedores de basura y los alrededores están muy pisados, hacia el nordeste, a unos 500 mts. hay un precario refugio para una emergencia. La única vegetación es el brezo, retamas y otras especies rastreras, ningún árbol por los alrededores. Una vez preparado para la jornada y siendo las 8,30, tomo una senda en dirección norte que se dirige al Collado Ventosa, pero primero un pequeño descenso al Arroyo de los Covadosos, que antes de desprenderse hacia el Tera por unas grandes paredes, circula por una zona casi plana con varias lagunetas y humedales. Desde el collado y a más de 1.800 mts. puedo ver la Sierra Segundera, que es la continuación del cordal de Peña Trevinca y cierre del Cañón del Tera por su parte más norte. Voy viendo las huellas de las botas y el perro de Arencio, un joven pescador de Zamora con quien charlaré a la vuelta.

Curso del Río Tera

Dejo a la izquierda la Laguna Ventosa y continúo faldeando hasta llegar a un alto desde donde tengo a la vista el Embalse de Vega del Conde y la propia vega del Río Tera, ahora en un apacible valle que pierdo de vista pues gira a la izquierda y se esconde detrás de un cordal llamado Torno. Inicio el fuerte descenso, de casi 300 mts. hacia la cabecera de la presa con sumo cuidado pues hay mucha humedad y las rocas están resbaladizas, incluso la hierba inclinada también me hace patinar. A las 9,30, es decir una hora desde el inicio, cruzo por la presa hacia el otro lado, la altura que marca el GPS son 1.608 mts. el embalse es de pequeñas dimensiones.

Presa rota de Vega de Tera

Desde el fondo del valle asciende un camino con roderas de vehículos todo terreno, según me comenta Arencio, son los nuevos invasores de fin de semana, es una lástima que no se les cierre el paso, el lecho del valle es fácilmente erosionable y como continúen entrando terminarán con las verdes praderas. En el reculaje de las aguas se afana Arencio con su caña para engañar a las truchas, le saludo en la distancia, a la vuelta charlaremos un rato, en los alrededores hay varias casetas, algo deterioradas, pero que pueden servir para una emergencia. Sigo valle arriba, ahora por una hermosa zona donde el río ha cavado un sinfín de meandros y sus cantarinas aguas bajan limpias y transparentes por el recogido y hermoso lugar, la senda está muy pisada y se aprecia que hay frecuentes visitantes, a pesar de ello no he visto la basura que habitualmente deja el personal. He visto huellas de rebecos y algunos ruidos que hacen para llamar a las crías, pero en la distancia, también el canto del cuco romperá el relajante silencio.

Presa rota de Vega de Tera

La senda sigue por el lado izquierdo del río y a pesar de estar rodeado de montañas, la brisa sigue siendo muy fresca, por tanto no me sobra la ropa, además el sol sigue sin decidirse a abandonar la bruma. Cuando remonto el cerro que me impedía ver el valle al completo, aparece la Peña Trevinca, adornada con una corona de blanca nieve, también a su izquierda un escarpado cordal cierra un pequeño pero agreste circo y con grandes neveros en su parte alta, en el fondo el vistoso cielo azul, por tanto la bruma desaparecerá. La temperatura comienza a ascender y yo me preparo también para un vertiginoso ascenso de 500 mts. con fuerte desnivel, hay muchos sapos, eso da idea de la humedad, incluso en zonas altas. El valle continúa por la derecha y comienzan las laderas hasta un portillo que da paso a la Provincia de León, estas laderas están cubiertas por el brezo florido dando una tonalidad morada a los alrededores, ahora, siendo las 10,30 (altura GPS 1.630 mts.) tomo de frente en constante ascenso hacia mi vigilante permanente, la Peña Trevinca.

Cañón del Río Tera

El recogido circo de la izquierda con varias cascadas, ahora en pleno deshielo, le añade un importante aporte al cauce del río, yo diría que el más importante. La senda, con varios hitos indicadores, va remontando la loma que cada vez se va inclinando más, de vez en cuando giro la vista atrás, hacia abajo para contemplar el conjunto del valle y la enorme cantidad de giros y meandros que forman las aguas, no solo del cauce principal sino de los pequeños afluentes que bajan de las laderas. A pesar de llevar los pantalones largos, ahora voy sudando, pero en el fondo mi mayor enemigo es el brezo florido que desprende un polvillo que en contacto con la piel forma unos sarpullidos que pican a rabiar, por tanto la idea de quedarme con las piernas protegidas fue buena. A media altura la senda aprovecha unas lajas de pizarra, fijas en el suelo y así dar mayor estabilidad al pisar, voy sudando por los cuatro costados y eso que la brisa comienza a soplar con más fuerza a medida que gano altura. Hacia los 1.900 mts. comienza a sobresalir, hacia el este, el Teleno y sus laderas con varios neveros comenzando a completar la panorámica de todo el conjunto de los Montes de León.

San Martín de Castañeda

Comienzo a pisar algo de nieve y el agua bañando las pizarras y el granito por tanto he de pisar con sumo cuidado para no resbalarme, el ascenso final, los últimos 100 mts. la inclinación es muy fuerte y me hace empapar la ropa que en la cumbre se me quedará helada. Antes de las 11,30 estoy en la cumbre, punto convergente de las provincias de Orense, Zamora y León, (GPS 2.132 mts.) una gigantesca cruz de cemento, de por lo menos 2 mts. de altura, está caída en la cima a pesar de los anclajes y sujeciones que la debían mantener en pié. Por la parte gallega una serie de aldeas desperdigadas por las zonas bajas, hacia León, el cordal principal y su cumbre el Teleno, el paso del Camino de Santiago por el Monte Irago, el Valle del Silencio, Compludo y la depresión del Río Sil, más atrás el Cordal Cantábrico con las conocidas cimas de los Ancares, Cuiña, Miravalles, Mostellar, etc. y más lejos Leitariegos. Esta zona es separadora de cuencas, la norte-oeste hacia el Sil y Miño y la sur-este hacia el Esla y Duero. Ahora el viento arrecia y casi tiemblo del frío, a pesar de todo estoy 15 minutos en la cumbre, desde donde puedo compartir la emoción con casa a través del móvil. Datos del navegador del GPS, kmts. 11,6, horas efectivas caminando 2,36, media de marcha 4,6 kmts. hora, horas desde la salida 3, tiempo parado 24 minutos. Inicio el descenso, esto es otra cosa, vaya alegría al desplazarme por el brezo aunque en algunos sitios con nieve he de tener cuidado, debajo está helada y resbala, en media hora estoy de nuevo en el valle. Aquí la temperatura es bien diferente, claro 500 mts. y encima protegido por las montañas, esto es otra cosa, no me extraña que las ranas de las charcas que se están calentando con el sol, comiencen el concierto de apareamiento. Hacia la 1 llego de nuevo al embalse y me acerco a charlar un poco con Arencio, el pescador de Zamora, me recomienda que baje a ver la presa que se rompió y arrasó el pueblo de Ribadelago y así hacer más completa la excursión. Acepto su consejo y tomo decidido el camino de descenso, que se inicia en el Embalse Vega del Conde y baja por la derecha del río hasta el otro embalse de tan triste recuerdo. Cuando llego enfrente de dicha presa y veo el enorme boquete que abrió el agua desbordada, no puedo por menos de imaginarme aquellos momentos, corría, según he leído, el año 1959 y las aguas del embalse bajaron arrasando el pueblo de Ribadelago, muriendo casi 150 de sus habitantes. El cañón estrecho, por donde discurre el río, con bastante desnivel debió ser como un acelerador para la fuerza de las desbordadas aguas, así que en breves minutos salvaron los 3-4 kmts. que separan el pueblo de la presa, no dando tiempo ni a correr, debió ser terrible. Al descender por dicho cañón, he podido ver los gigantescos bloques de cemento, redondeados por la fricción con las rocas, a varios cientos de metros de la presa rota, además de la formación de grandes hoyos, ahora convertidos en lagunas, también grandes cantidades de materiales de la presa por encima del cauce normal del río, además de modificar completamente el lecho. Si visto el boquete desde arriba impresiona, visto desde abajo es aún más terrorífico. El camino que he seguido hasta la presa rota, sube hacia un collado y seguir hacia Porto, que es un pueblo de Orense, por tanto lo abandono por la izquierda y una senda que me baja hasta la base de la presa y a partir de aquí seguiré por el cauce del río, unos hitos de piedra me servirán de orientación, pues es realmente difícil caminar sin saber, hay mucha vegetación y grandes lanchas de granito que no permiten el paso. Así pues sigo los hitos y he de cruzar el río varias veces hasta que una senda abandona el cauce y asciende por la izquierda tomando altura poco a poco, miro hacia atrás y vuelvo a tener el triste recuerdo de la tragedia. Hay un gran estrechamiento a la altura de La Cueva de San Martín, que no sé realmente qué es pues la senda no permite subir ni bajar, es una zona muy escarpada con grandes paredones, así que lo único que puedo ver es la larga cascada que se desprende entre las estrechas paredes. Sigo por la parte alta y doy vista, al fondo, al pueblo de Ribadelago, estoy a la altura de la Poza de las Ninfas y un puentecito que permite el cruce del río. Paso por una zona de praderas donde hay grupos de vacas pastando, al calentar el sol, los grillos tienen preparado un concierto bullanguero, también la vegetación es abundante y entre los quejigos hay acebos muy grandes y brillantes. Comienzo un fuerte ascenso para tomar un camino que me debe llevar a las zonas elevadas y seguir hacia donde dejé el coche, el camino está empedrado y bien hecho, pero con fuerte inclinación. El camino de dirige a San Martín de Castañeda, así que una vez he llegado a los 1.650 mts. de altura, lo abandono y tomo a la izquierda en dirección este para llegar a la parte más alta, que es vértice geodésico, el sitio se llama Gencianal y está a 1.732 mts. ahora ya veo la carretera de ascenso y el final de la pista al lado de la Laguna de los Peces, donde llego a las 4,15 de la tarde.
Datos del GPS: Kmts. recorridos 31 – Velocidad media 4,7 kmts. hora – Tiempo efectivo de marcha 6,35 horas – Tiempo total 8 horas – Tiempo parado 1,25 horas.
El retorno lo hago despacio y aprovechando para verlo todo pues la tarde está espléndida, en San Martín de Castañeda me paro a tomarme una cerveza y un plato de queso, no he comido nada en todo el día, la verdad no lo he necesitado, beber y mucho es lo que me ha apetecido. Ha sido una bonita y completa jornada, esta zona era una asignatura pendiente y la ocasión ha sido propicia para conocerla en profundidad.