PUERTO
DE CERREDO - TACHETAS - COLLADO DE SAN ANTÓN
Día 9-9-00. Hoy he madrugado más que ayer, a las 7,15 me he levantado y después de desayunar tomo el coche y me dirijo al Puerto de Cerredo con la intención de continuar conociendo el cordal principal de la Cordillera Cantábrica. El Puerto de Cerredo se halla a 1.359 mts. de altura y hacia Asturias da comienzo el Valle del río Ibias, en cuyo principio se hallan los pueblos de Cerredo y Degaña, luego el río hace un largo y variante curso hasta desembocar en el Río Navia para unidos verter sus aguas al Cantábrico. En el ascenso desde Villablino compruebo que el incendio, que lleva ardiendo cuatro días, aún no ha sido sofocado y desde el Puerto veo también que en la ladera norte del cordal principal, a la altura de Degaña otro incendio asola una amplia zona de bosque, o sea que el itinerario que intento realizar se desarrolla justamente entre los dos incendios.
Desde las cumbres y durante toda la mañana un helicóptero se desplaza hasta una gran laguna en lo alto de las montañas, carga el gran depósito que pende de su barriga para soltarlo sobre las zonas ardiendo, arduo trabajo que según veo no consigue reducir la intensidad, supongo será cuestión de días, me comentan en Cerredo que lleva ardiendo tres jornadas. Durante la noche desaparece el humo en suspensión amaneciendo la atmósfera bastante limpia, pero a medida que avanza el día vuelve a hacerse difícil observar el panorama alrededor, una densa bruma impregna el ambiente que añadido a las altas temperaturas, según me dicen las más altas de todo el verano, hacen una mezcla desagradable. Ahora, siendo algo más de las 8 de la mañana, hay una temperatura de unos 14 grados, la ideal para iniciar el fuerte ascenso, así que tomo la mochila e inicio el ascenso al Alto de los Cerezales a través de una senda bien marcada que me va llevando a un collado en las laderas del Alto de la Vieja, este último, el más alto de la zona, a 1.734 mts. En el collado faldeo sin llegar a la cumbre para ganar otro collado, este ya dando vista a la Braña de la Fontanina y Río Fontaninas que desciende hacia el Río Sil pasando por el pueblo Tejedo del Sil. A partir de aquí ya iré, durante toda la jornada, por el cordal principal teniendo las dos vertientes, la de mi derecha el Cantábrico, la izquierda el Atlántico, pues el Sil vierte al Miño.
Aunque la senda está bien definida, no quiere decir que esté en buenas condiciones para caminar, se aprecia que no está muy pisada pues hay mucho matorral y a retos he de abrirme paso retirando las escobas y brezos que en algunas zonas me llegan por encima de la cintura, terminaré la jornada con las piernas llenas de arañazos y heridas. El tramo que recorro tendrá aproximadamente unos 8 kms. con constantes desniveles, entre los 1.900 y los 1.600 mts. con fortísimas inclinaciones que me obligarán a realizar largas trepadas y destrepadas. En las laderas del cordal que cierra el Valle del Ibias por la parte asturiana, hay una enorme explotación minera a cielo abierto, veo en el mapa que es el Coto Cortés desde donde sacan el carbón y grandes camiones lo transportan, supongo, hasta las centrales que hay en el Valle del Sil. En el primer alto he podido ver la Peña Ubiña, el Cueto Arbás, las cumbres de las Omañas y su continuación hacia los Montes Aquilanos, también los Ancares y las cadenas asturianas. Al principio he encontrado grupos de vacas pero a medida que he entrado en zonas más escarpadas ya no he visto nada en movimiento salvo algunos pájaros. A veces, al ver los incendios, he pensado que no tendría escapatoria, el descenso es casi imposible, hasta los valles son unos 1.000 mts. de desnivel pero llenos de vegetación y no he visto ninguna senda ni vereda que me indicara la posibilidad de descender, me hace sentir, a veces, un cierto desasosiego, me tranquiliza que en caso de emergencia el teléfono móvil tiene suficiente cobertura y además hay alguna cumbre amplia y sin ninguna vegetación.
El sol comienza a calentar con fuerza y con el esfuerzo para ascender los desniveles me hace sudar copiosamente de tal forma que empapo hasta los pantalones y voy agotando el líquido que traía. Voy viendo por mi derecha el pueblo de Cerredo y las minas de alrededor, también algo más a lo lejos Degaña y cuando estoy a mitad de recorrido la carretera que asciende desde Cerredo hasta el Puerto de San Antón que desciende hasta Carbón del Sil. Ya en la parte final del recorrido, en un collado, enlazo con una senda que bordea una cima de 1.923 mts. de altura y que me lleva al cordal de descenso al Collado de San Antón, pero la senda, una vez en el cordal, gira a la izquierda para, intuyo, dirigirse al Collado de Valdeprado y descender al pueblo del mismo nombre, por tanto la abandono en el cordal y comienzo un descenso salvaje que me hará sudar tinta. Al principio brezos, rebollos y otros matorrales, luego aprovecharía unas pedreras muy inclinadas con abedules y grandes escobas, realizando malabares para aprovechar los mejores pasos. Por fin llego a un collado por donde desciende un arroyo que llega a un valle por donde cruza la carretera, pero al haber mucha humedad han crecido las zarzas, escobas y brezos que en algunos momentos sobrepasan mi cabeza medio metro. Llego a una pequeña pradera donde el arroyo lleva un diminuto cauce, hago una fuente con la mano para conseguir beber buenos tragos de agua bien fresca, mientras estoy parado un enjambre de moscas me circunda tapando la sangre de las rozaduras de las piernas, he de continuar rápidamente, algo más abajo el arroyo lleva más agua y me permite llenar una cantimplora.
Por
fin, a las 12,30 llego a la carretera, que alivio, cuando miro hacia
arriba y veo desde
donde he bajado, me parece increíble que haya podido llegar y
dejado atrás aquel infierno. En el Collado de San Antón,
a 1.342 mts. de altura, tomo la amplia carretera utilizada principalmente
por enormes camiones cargados de carbón, afortunadamente toma
la ladera norte y me va dando la sombra todo el rato, cuando llevo caminados
unos dos kilómetros y me disponía a parar a comer y reponer
fuerzas, un joven que pasa con su coche me baja los 4 o 5 kmts. que me
restan para llegar a Cerredo. He decidido regresar
a casa, entre los incendios y las altas temperaturas, a partir
del mediodía no se
puede caminar, menos realizar esfuerzos continuados, llego a la conclusión
que la mejor época para hacer estos recorridos es entre Mayo y
Junio, las temperaturas son mucho más bajas, hay más humedad
y todo está más verde y bonito. En Cerredo,
que está en
fiestas, hay un taxi, así que por 500 Pts. me sube los 5 kmts.
hasta el Puerto donde dejé el coche por la mañana. Hacia
las 2,30 como en el restaurante del Hostal Arándanos donde
me he hospedado, recojo las cosas, me despido de Antón el
dueño
y reputado cocinero del Hostal, María su
esposa está en
León, así que les pido le transmitan mi agradecimiento
a sus atenciones y también mi despedida e inicio el retorno a
casa donde llego a las 8 de la tarde. Por la zona de Zamora y Valladolid el
termómetro del coche marcaba 35 grados, vaya calores. En lugar
de regresar por Ponferrada y tragarme las obras
de la carretera, he realizado el recorrido por el Puerto de Piedrafita de Babia y
la autopista de Campomanes-León,
ha sido mucho mejor. |