PRÓLOGO
A lo largo de los últimos 20 años, la Sierra de Guadarrama, me ha servido para escapar de la ciudad y así poder ejercitar el cuerpo y la mente en contacto con la naturaleza, a ser posible, en su más puro estado. Esto último realmente difícil por la presión que, constantemente, se ejerce sobre unos parajes demasiado cercanos a la gran urbe. Por un lado las vías de comunicación, cada vez más amplias y rápidas, necesarias para el movimiento de ingentes masas de automóviles y transportes, estas vías le van comiendo, poco a poco, mayores espacios a la Sierra.
La especulación salvaje del suelo, urbanizaciones, campings, campos de golf, casas de recreo, pistas de esquí y la parafernalia que necesitan para funcionar, remontes, aparcamientos, zonas de recreo, etc. etc. que, poco a poco, van ascendiendo por sus laderas hacia zonas cada vez más elevadas.
Los salvajes incendios que en los últimos años han facilitado, curiosamente, el incremento de las mencionadas urbanizaciones, también han supuesto una lacra para la Sierra de Guadarrama, que ha visto descender su masa forestal considerablemente. A pesar de todo, continuaremos yendo a “nuestra” Sierra de Guadarrama e intentaremos, con los pocos medios que disponemos, defenderla de las constantes agresiones, no perdamos la esperanza.
Por ejemplo, “CERCEDILLA-SEGOVIA”, “EL ESCORIAL-SAN RAFAEL”, “CERCEDILLA-EL ESCORIAL”, “CERCEDILLA-EL ESPINAR”, “PUERTO DE COTOS-CERCEDILLA”, “BUSTARVIEJO-PUERTO DE CANENCIA-PTO. DE LA MORCUERA”, “LA BARRANCA-LA MALICIOSA-PEÑA HORCÓN”, etc. etc. y diversos recorridos invernales por la PEDRIZA DE MANZANARES.
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