SELVA DE OZA – CASTILLO DE ACHER

Día 26-10-01. En principio no era este mi programa para hoy, anoche decidí cambiarlo, la idea era ascender por Alanos hasta Peña Forca, pero pensándolo bien, el cruzar los hayedos de Selva de Oza y subir a Acher me atrajo mucho más. Me levanto a las 8 y la simpática y agradable propietaria del Hostal Ezcaurre (Isaba) me tiene preparado un buen desayuno, una vez terminado tomo el coche, que por cierto tenía los cristales cubiertos de hielo, ahora la temperatura es de 5 grados, bien fresquito.

Peña Forca

Tomo nuevamente la carretera por donde bajé ayer por la tarde, Barranco de Belabarze hacia Zuriza y luego descenso por la estrecha pista hasta Ansó para llegar a Echo a continuación y seguir la carretera a Siresa y luego la pista que, a través del estrechamiento de Boca del Infierno, llega al apacible y remoto lugar de Selva de Oza. A partir de la hoz ya la pista penetra en las zonas boscosas entre hayas, abetos, pinos y abedules, por tanto un hermoso espectáculo otoñal completado con las verdes praderas blancas del hielo y ahora comenzando a desprender el vaho con el calor del sol conformando una especie de nieblas o brumas.

Cima del Castillo de Acher

Hacia las 10 dejo el coche a la entrada del Campamento Ramiro el Monje, echo una ojeada al Castillo de Acher, imponente mole que se yergue 1.300 mts. sobre mi cabeza, respiro hondo y decidido a subirme a su “coronilla” inicio la emocionante jornada. Cruzo las instalaciones del campamento y a derecho entre el bosque de pino, durante unos 150 mts. para enlazar con una pista que va bordeando el bosque para, a menos de un kilómetro, abandonarla por la izquierda a través de la senda con indicación “Camino a Acher”.

Cumbres desde Acher

La senda comienza rápidamente a tomar altura con fuerte inclinación y a penetrar en el hermoso bosque acompañado del cántico de los pajarillos y el murmullo del arroyo por mi derecha, también algunas vacas pastando entre los árboles. Cuando llevo caminando una media hora al cruzar una zona con barro, un palo poco visible en el suelo y cubierto de hojas me da un buen susto, lo piso con el pié derecho y desequilibrio total, salto y al suelo embarrado, camisa, pantalones, mochila, gafas, hasta los dientes llenos de barro, como un minero saliendo del trabajo.

Bisaurín

Algo más adelante me puedo lavar en un pequeño torrente, “has de tener más cuidado donde pisas”, “vas ensimismado disfrutándolo todo que no te enteras”, reproches que me voy haciendo durante un buen rato. El ambiente de penumbra y frondosidad que las hayas, acebos y demás árboles le dan al bosque, sobre todo ahora que aún no está iluminado por el sol, es como mágico, en algunas zonas las rocas están recubiertas por una capa de moho verde oscuro que añade al escenario un tono de irrealidad.

Cumbres Francesas

Todo esto cambiará al regreso pues el sol penetrará a través de las hojas y con la claridad el ambiente adquiere un tono radicalmente distinto, luminoso, alegre y colorido. Voy ascendiendo por la ladera izquierda del Barranco Espata, teniendo siempre sobre mi cabeza los paredones del Acher, luego cruzo el arroyo y paso a la otra ladera para tener, ahora enfrente, a la vista una larga cascada que se desprende de gran altura. Hacia los 1.600 mts. de altura el bosque deja paso a los verdes pastizales y al poco rato llego a un refugio de pastores en una gran explanada muy verde.

Midí y Arriel

Comienzo a tener una panorámica muy completa del Macizo de Peña Forca, Chipeta Alto y todo el cordal hacia la Mesa de los Tres Reyes con sus característicos picos, Gamueta, Petrechema, Mallo Gorreta, Tascas, etc. Sigo ascendiendo a través del mullido suelo por donde fluyen algunos pequeños arroyos en dirección este, el sol comienza a calentar con fuerza. El Castillo de Acher es una solitaria montaña y que como su nombre indica es una muralla rodeada de cortados de cerca de 100 mts. que parece imposible de ascender, solamente es posible hacerlo a través de un paso y hacia él se dirige la senda marcada con algunos hitos.

Infiernos y Argualas

Abandono la senda que viene por las praderas, la misma continúa hacia el Puerto de Acher y desciende hacia Aguas Tuertas para pasar a Francia, según he leído era una ruta seguida antiguamente para el contrabando de ganado, de hecho en toda la zona hay numerosas casetas de carabineros y que supongo entonces tendrían un carácter de vigilancia y control. Tomo la inclinada pedrera durante un buen rato, para al final llegar a la canal de acceso a su ladera norte, a veces he de trepar pues la inclinación es muy fuerte. Una vez paso a la otra ladera veo la cumbre enfrente, algo más alta que el punto de paso de la muralla, eso sí, es una ladera herbosa en contraste con la zona calcárea que acabo de ascender, dicha cumbre está a 2.390 mts. de altura.

Guarrinza

En medio de la conformación semicircular de la cumbre se halla un erosionado valle lleno de simas y hoyos, la senda rodea la formación y solamente pasa por la parte más alta de la depresión cruzando grandes hoyos, ahora llenos de nieve. Por fin siendo las 12,30 llego a la cumbre donde hace un viento algo frío, pero las vista de alrededor me dejan sin respiración. A mis pies Guarrinza, Oza, Aguas Tuertas, con desniveles de 1.300 mts., al frente todas las cumbres superiores a los 3.000 mts. Vignemale, Balaitus, Marboré, Infiernos, etc. Al lado, casi tocándolo con la mano, el Visaurín ahora cubierto con las nieblas que ascienden de los valles a medida que el sol va calentando, también pasa lo mismo con Collarada, Telera y Peña Forca. Me paso casi media hora descansando, reponiendo fuerzas y haciendo un montón de fotos, pero el viento frío no es nada agradable y las nieblas pueden aparecer en cualquier momento, así que tomo el camino de descenso y en las praderas, hacia la 1,30 me paro a almorzar y un agradable descanso al reconfortante sol.

Peña Forca

Una vez vuelvo a entrar en el frondoso bosque, ahora si que me lo tomo con toda la tranquilidad del mundo, disfrutando de la sombra y la magnífica temperatura, como queriendo llevarme todo lo que me rodea y perdure su recuerdo mucho tiempo. A las 3 estoy de nuevo en el coche, pero en el cruce del estrechamiento Boca del Infierno me voy parando cada dos por tres, me bajo del coche a admirar los imponentes cortes realizados por el Aragón Subordán en las paredes calcáreas y el estruendo del agua a su paso por los estrechamientos.